Analisis e interpretación de la obra arquitectónica



INTRODUCCIÓN: LA ARQUITECTURA

– La arquitectura es el arte de proyectar y construir edificios con el fin de crear espacios interiores.

– Esto solamente presenta una verdadera dificultad constructiva, la cobertura superior o elemento sostenido, del que depende toda la estructura arquitectónica y llega a condicionar todo el estilo. Toda la historia de la arquitectura es la de los sistemas de cubrimiento, la historia de los elementos sostenidos; los elementos sustentantes serán una consecuencia de los elementos sostenidos.

1. REPRESENTACIÓN DE LAS FORMAS ARQUITECTÓNICAS

– Las plantas (fig. 1: Planta de la Catedral de Santiago de Compostela) son como la huella de un edificio y muestran sus detalles sobre un plano horizontal, apareciendo en ellas los muros, vanos, soportes, tipo de bóvedas,  naves, habitaciones, etc. Además, a partir de ellas sabemos el tipo de edificio de que se trata y la forma de la planta.

– Las secciones (fig. 2: Sección y planta de la Basílica de Santa Sofía de Constantinopla) muestran detalles del alzado del edificio representado, pudiendo ser transversales o longitudinales.

– En las fachadas (fig. 3: Fachada de Notre-Dame de París; y fig. 4: Fachada de la Catedral de Cuenca) debemos tener en cuenta y comentar, principalmente, los siguientes elementos: los cuerpos o zonas horizontales; las calles o secciones verticales; los vanos, su cantidad, tamaño, forma, distribución, etc. Dentro de las fachadas debemos centrar la atención, cuando proceda, especialmente en su portada, por su interés decorativo.        

– En las proyecciones (fig. 5: Proyección axonométrica de la Catedral de Saint-Sernin de Toulouse) podemos apreciar todos los aspectos anteriores a la vez, ya que son vistas simultáneas de la planta, las secciones y las fachadas de un edificio (fig. 6: Planta, sección y fachada de la Lonja de Valencia).

2. ELEMENTOS TÉCNICOS

2.1. Los materiales

– Los principales materiales usados en arquitectura, desde todos los tiempos, son fundamentalmente los siguientes:

– La piedra es el material de construcción más noble, asociándose a la idea de inmortalidad, sobre todo cuando se trata de mármol (fig. 7: Cromlech de Stonehenge; y fig. 8: El Partenón en la Acrópolis de Atenas).

– El barro lo encontramos fundamentalmente en dos formas diferentes: ladrillo, el “opus latericium” de los romanos (fig. 9: Calle de Pompeya), cuando es cocido en hornos; y adobe (fig. 10: Zigurat), cuando simplemente está secado al sol. Pero también hay que tener en cuenta, como elemento decorativo en muchos edificios, los ladrillos esmaltados y los alicatados de cerámica.       

– El hormigón, argamasa formada por cal, guijos y cemento, el “opus cementium” de los romanos (fig. 11: Basílica de Majencio).

– La relación de materiales constructivos tradicionales no se puede cerrar sin hacer mención a otros, generalmente utilizados como elementos decorativos, como la cerámica o como la madera y el yeso, que junto con el adobe son los más pobres y que debido a sus problemas de conservación los encontramos muy difícilmente (fig. 12: Salón de Embajadores de la Alambra de Granada).

– Además de estos materiales, que mencionamos como los más importantes, habría que hablar también de otros, generalmente más contemporáneos, como el hierro (fig. 13: Torre Eiffel) o el hormigón armado, el acero y el vidrio, característicos de la arquitectura del siglo XX (fig. 14: Museo Salomón Guggenheim de Nueva York  de Frank Lloyd Wright). En los últimos años se experimenta con nuevos materiales, como el titanio (fig. 15: Museo Guggenheim de Bilbao de Frank O’Gheri).

 2.2. Elementos sustentantes

A) Muros

– Es el elemento sustentante de mayor entidad, en el que lo más interesante es destacar la forma de estar aparejados los materiales que lo constituyen. El aparejo puede ser:

– Aparejo irregular: entre los que destaca el ciclópeo (fig. 16: Murallas de Tirinto), formado por piedras irregulares de gran tamaño; el de mampostería, formado por piedras sin labrar llamadas mampuestos (fig. 17: Restos de viviendas ibéricas); y el de sillarejo (fig. 18: Iglesia de San Miguel de Lillo), formado por sillares de pequeño tamaño labrados toscamente.

– Aparejo regular: entre los que destacan el de sillares, piedras labradas de sección rectangular, pudiendo ser isódomo a soga (fig. 19: Templo de Atenea Nike), cuando está realizado con piezas en paralelepípedo iguales unas a otras y aparecen al exterior vistas por su lado ancho, a soga y tizón (fig. 20: Ponte Bibei), cuando los sillares aparecen al exterior vistos alternadamente por su lado ancho y estrecho, almohadillado (fig. 21: Palacio de Carlos V en la Alhambra de Granada de Machuca), cuando los sillares tienen los vértices rehundidos, etc.                    

B) Vanos: puertas y ventanas

– En ellas debemos prestar atención a la parte baja, que en las puertas se denomina umbral y en las ventanas alféizar; a los laterales, las jambas, que tendrán especial importancia en la Edad Media, donde aparecen abocinadas; a la parte superior se la denomina dintel cuando es horizontal y como el arco correspondiente cuando tiene esa terminación, con arquivoltas si están abocinadas; además, en ocasiones pueden estar divididas en dos mitades por el denominado parteluz (fig. 22: Portada de la Catedral de Notre-Dame de París). Otro interesante elemento es el alfiz (fig. 23: Mihrab de la Mezquita de Córdoba), moldura que envuelve un arco con fines decorativos, característico de la arquitectura árabe.

C) Columnas

– Elemento sustentante vertical de sección curva, cilíndrica, que podemos encontrar como elemento constructivo (fig. 24: Templo de Poseidón en Paestum), pero también como elemento decorativo, de forma aislada (fig. 25: Columna Trajana). En su elaboración se cuidan sus proporciones, como si se tratara de una escultura, completándose su gracia y sensibilidad con la leve curvatura del perfil de su fuste, con el galbo o éntasis.

– Sus elementos son: basa, elemento de apoyo; fuste, elemento principal, formado generalmente por tambores, y normalmente estriado; y capitel, decorado con molduras y todo tipo elementos decorativos (fig. 26: Órdenes Clásicos).

– Los órdenes clásicos son: dórico (fig. 27: El Partenón en la Acrópolis de Atenas), con un capitel como una almohadilla y un friso característico en el que alternan triglifos y metopas; toscano, orden puramente romano derivado del dórico griego (fig. 28: Orden Toscano); jónico, cuyo capitel característico es con volutas, soportando un  friso corrido decorado con relieves (fig. 29: Fachada oriental del Erecteion del Acrópolis de Atenas); corintio, con el capitel profusamente decorado con hojas de acanto y friso como en el orden jónico (fig. 30: Templo de Zeus Olímpico en Atenas); compuesto, cuyo capitel es una mezcla del jónico y del corintio (fig. 31: Orden Compuesto). Además, debemos mencionar las cariátides (fig. 32: Pórtico de las Cariátides del Erecteion del Acrópolis de Atenas), columnas como figuras femeninas. Por último, decir que el arte románico y el gótico también han dado lugar a una gran variedad de columnas, pero su estudio abordaremos en los temas dedicados a dichos estilos arquitectónicos.

– Decir que un templo es de estilo dórico o corintio significa, fundamentalmente, que es de columna dórica o corintia, aunque también encontramos diferencias en el entablamento (elemento sustentado).

– Si la columna no está exenta, sino que la encontramos adosada al muro, se denomina columna adosada (fig. 33: Maison Carrée de Nimes).

D) Pilares

– El pilar es un elemento sustentante vertical de sección poligonal, básicamente el pilar cuadrado (fig. 34: Templo de la Reina Hatshepsut en Deir-el-Bahari), aunque en la Edad Media aparece el pilar cruciforme (fig. 35: Interior de la Catedral de Santiago de Compostela), al ajustarse a los cuatro arcos que corresponden a cada tramo de la nave de un edificio, complicándose aún más con el tiempo, durante el Gótico aparece el pilar baquetonado (fig. 36: Interior de la Sainte Chapelle de París).

– Los pilares no suelen ajustarse a la normativa de los órdenes.

– Si el pilar está adosado al muro se denomina pilastra, utilizándose frecuentemente en este caso los órdenes, y si se sitúa detrás de una columna se denomina retropilastra (fig. 37: Panteón de Agripa de Roma).

       2.3. Elementos sustentados

A) Cubierta adintelada

– Dintel es todo elemento sostenido de carácter horizontal, por lo que los empujes que haga sobre los elementos sustentantes serán de carácter vertical.

– En la arquitectura clásica, ejemplo paradigmático de la arquitectura adintelada o arquitrabada, se denomina entablamento a todo lo que se encuentra sobre las columnas y consta de arquitrabe, friso, cornisa y frontón, de distintas características según el orden al que pertenezca (fig. 38: Órdenes Dórico y Jónico).

– El más genuino es el dórico (fig. 39: Tesoro de los Atenienses en Delfos), derivado de los antiguos esquemas constructivos en madera, con arquitrabe liso y friso en el que los triglifos taparían las cabezas de las vigas y las metopas serían las chapas que colocaban para tapar los huecos, decoradas con relieves. En los demás órdenes el arquitrabe se divide en tres bandas horizontales y el friso se decora con un relieve corrido a lo largo de toda su superficie (fig. 40: Templo de Atenea Nike del Acrópolis de Atenas).

– La arquitectura adintelada suele ir rematada por tejados a dos aguas, originando en los dos lados menores del edificio dos espacios triangulares, llamados frontones, que resultaron marcos magníficos para la gran estatuaria griega (fig. 41: Partenón de Nashville).

B) Cubierta abovedada

     + Arcos

– El arco es un elemento sostenido de forma curva, constituido por varias piezas llamadas dovelas, que encajan en forma de cuña, lo que impide que se caigan. Gracias a estas características el vector vertical del peso desaparece y se transforma en oblicuo, por lo que el peso es soportado exclusivamente por los apoyos del arco (fig. 42: Arcos de medio punto). Con el tiempo irán evolucionando en busca de las más geniales soluciones para evitar que se derrumben los muros y para que éstos soporten el menor peso posible, lo que modificará radicalmente los elementos sustentantes.

– Los elementos fundamentales del arco son (fig. 43: El arco): dovelas, sillares radiales en forma de cuña; salmer, las dos primeras dovelas; clave, la central y más alta; impostas, donde se apoya el arco; luz, su anchura; intradós, parte interna o inferior; trasdós, parte externa o superior.

– Los arcos reciben distintos nombres según sea su situación en el edificio: arco fajón es el que separa los tramos de una bóveda de cañón, de la que son refuerzo a distancias regulares, coincidiendo generalmente con pilares y pilastras al interior y contrafuertes al exterior; arco formero es cada uno de los que comunican la nave central con las laterales; arco toral es cada uno de los cuatro arcos que forman el crucero (fig. 44: Planta de Santa Fe de Conques; fig. 45: Interior de Santa Fe de Conques; y fig. 46: Sección de Santa Fe de Conques).

– Veamos a continuación la tipología de arcos más comunes (fig. 47: Tipos de arcos): de medio punto, medio arco de circunferencia; apuntado, dos con distintos centros; peraltado con prolongación recta hasta las impostas; de herradura, mayor de media circunferencia; lobulado, con lóbulos u ondas yuxtapuestas; etc.

     + Bóvedas

– La bóveda es la engendrada por un arco que sigue un movimiento de traslación, generalmente recto (fig. 48: Bóvedas), aunque puede ser circular, etc.

– Estos son los principales tipos que nos podemos encontrar: falsa bóveda, la que se consigue por aproximación de hileras; de cañón, la que surge a partir de la traslación del arco de medio punto; anular, de cañón sobre muros circulares concéntricos, como por ejemplo en los teatros y anfiteatros romanos; de cuarto de cañón, a partir de la mitad del arco; apuntada, a partir del arco apuntado; de arista, la obtenida por la intersección ortogonal de dos de medio cañón, con lo que los empujes se localizan en cuatro puntos únicamente, donde se colocan fuertes pilares; de crucería u ojival, al colocar en las aristas unos arcos llamados ojivas que conducen los empujes a los extremos, donde, al exterior, un arco lanzado al aire llamado arbotante conduce el empuje a los contrafuertes que terminan por llevarlo a tierra, mientras que en el interior ese trabajo lo realizan los pilares; de arcos cruzados, cuando las aristas no pasan por la clave (fig. 49: Bóvedas de cañón, de arista y ojival; fig. 50: Bóvedas ojival y de crucería; y fig. 51: Sección de catedral gótica).

     + Cúpulas

– La otra cubierta originada por el arco es la cúpula, formada por el movimiento rotatorio de éste, tomando el nombre del arco que la engendra, excepto cuando es de medio punto que recibe el nombre de cúpula de media naranja, que es la más común. Normalmente la cúpula se sitúa sobre un tambor o cuerpo de luces y en su clave se abre una linterna que ayuda a la iluminación interna (fig. 52: Cúpula de San  Pedro del Vaticano; y fig. 53: Interior de San  Pedro del Vaticano).

– La cúpula presenta fundamentalmente dos problemas: el de los empujes oblicuos que genera; y el problema de su asentamiento sobre tramos cuadrados, resuelto mediante el uso de trompas, para pasar del cuadrado al octógono, o mediante pechinas, para pasar del cuadrado al círculo (fig. 54: Tipos de cúpulas).

3. ELEMENTOS NO TÉCNICOS

3.1. La decoración

– En el comentario de este apartado lo que debemos señalar es qué domina, si es lo arquitectónico o lo decorativo, describiéndolo a continuación (fig. 55: Monasterio de El Escorial de Juan de Herrera; y fig. 56: Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago de Compostela de Casas Novoa).

3.2. El espacio y la proporción

– El espacio es el elemento fundamental de la arquitectura y, además, su función fundamental es delimitarlo y aislarlo. Aquí lo que debemos comentar es ese espacio y si sus proporciones son equilibradas o colosales, etc. (fig. 57: Vía de las tumbas de Pompeya; y fig. 58: Pirámide escalonada de Djoser en Saqqara).

3.3. La luz

– Dentro de este capítulo no debemos olvidar hacer mención al tipo de iluminación y sus características, a través del análisis de los vanos, de su abundancia, distribución, etc. (fig. 59: Interiores de Saint-Sernin de Toulouse y la Catedral de Amiens).

3.4. La finalidad del edificio

– Como ya vimos la arquitectura tiene una función fundamental, delimitar un espacio, pero todo edificio ha sido construido con un fin determinado, por eso debemos hablar de arquitectura funeraria (fig. 60: Pirámides de Keops, Kefrén y Mikerinos en Giza), religiosa (fig. 61: Mezquita-Catedral de Córdoba), civil (fig. 62: Alhambra de Granada), conmemorativa (fig. 63: Arco de Tito en Roma), militar (fig. 64: Puerta del Sol de Toledo), lúdica (fig. 65: Teatro de Mérida), obras públicas y de ingeniería (fig. 66: Pont du Gard en Nimes), etc., según el tipo de edificio y su función particular.

3.5. El entorno

– El edificio se encuentra situado en un espacio externo, que generalmente será urbano o natural, por lo que también este aspecto debe ser atendido en el análisis e comentario de una obra arquitectónica (fig. 67: Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia de Santiago Calatrava).

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