Escultura y pintura egipcia

CULTURA Y PINTURA EGIPCIA

 

1. FUNDAMENTOS DEL ARTE EGIPCIO

– En primer lugar debemos ver una serie de aspectos de la civilización egipcia, de su religión, de su cultura, de su historia, etc., que influyen de manera decisiva en sus creaciones artísticas (ver vídeo ).

1.1. Civilización agraria

– La civilización egipcia es de carácter fluvial y de base agraria, lo que determina que toda la vida de los egipcios gire en tomo al río Nilo (fig. 1), a sus crecida y canalización, a los ciclos agrarios relacionados con estos aspectos, que a su vez influyen en la religión, en la organización y gobierno del Estado… y, por supuesto, en el arte.

– En el arte las influencias fundamentales en relación con esta característica, además de la evidente que podemos comprobar en la temática de sus representaciones (fig. 2), serán la geometrización de su arquitectura, como reflejo de la de sus campos, y la relación directa que existe entre las columnas que van a utilizar y las plantas típicas del Nilo.

1.2. La religión egipcia

– El culto a los dioses (fig. 3) y la vida de ultratumba (fig. 4: Anubis cuida la momia de Senebhem; y fig. 5: Juicio del alma de Osiris), se encuentran en el centro de las manifestaciones artísticas egipcias.

– Estos son los temas principales de los relieves y pinturas; la estatuaria estará también relacionada con los ritos y creencias sobre la inmortalidad y el culto a los muertos, al igual que la tradición egipcia del embalsamamiento de los cadáveres; y la arquitectura conservada se limitará a las funciones religiosa, templos, y funeraria, tumbas.

1.3. La monarquía divina

– En Egipto el faraón, además de rey, tiene carácter sagrado, es un dios en la tierra, de lo que se deriva su inmenso poder y por lo que se explica la capacidad de movilizar a todo su pueblo para, por ejemplo, construir su tumba (fig. 6: Pirámide de Kefrén en Gizeh) o los enormes templos funerarios donde se les rendía culto después de su muerte (fig. 7: Rameseum o Templo funerario de Ramsés II en Tebas). Además, gran parte del resto de manifestaciones artísticas egipcias también estarán relacionadas con él y el relato de sus gestas.

1.4. El ambiente histórico

– A la hora de entender e interpretar el arte egipcio es imprescindible un conocimiento, aunque sea somero, de su historia. Aquí vamos a ver un cuadro con los distintos períodos de la historia de Egipto, necesario para clasificar cronológicamente su arte, pero otras informaciones de carácter histórico se estudiarán solamente referidas a casos concretos en el posterior desarrollo del tema (ver vídeo ).

1. Egipto Predinástico (Prehistoria).

2. Época Tinita (1 y II dinastías, hacia el 3.000 a. C.).

3. Imperio Antiguo (hasta el 2.100 a. C.).

4. Imperio Medio (2.040 -1.650 a. C.).

5. Imperio Nuevo (1.552 -1.070 a. C.).

6. Conquistado por los Asirios en 671 a. C.

7. Conquistado por los Persas en 525 a. C.

8. Conquistado por Alejandro en 332 a. C.

9. Época Ptolemaica hasta conquista por Roma.

2. RASGOS GENERALES DE LA ESCULTURA EGIPCIA

2.1. Tipos

– Dentro de la escultura egipcia vamos a estudiar dos tipos principalmente:

– El bulto redondo (fig. 45: Escriba sentado del museo de El Cairo) o estatuas completamente exentas, aunque en algunos casos en realidad se trataría de esculturas en muy alto relieve (fig. 46: Triada de Mykerinos), ya que a veces sus realizaciones escultóricas necesitan todavía de un apoyo posterior al no dominar aún el equilibrio.

– En cuanto a los relieves, veremos principalmente bajorrelieves (fig. 47) decorando las paredes de templos y tumbas, siendo además muy característico del arte egipcio una tipología exclusiva suya, el huecorrelieve (fig. 48), técnica que consiste simplemente en rehundir el borde de las figuras, por lo que en realidad la figura en sí no sobresale del fondo que le sirve de soporte, principalmente en este caso los pilonos de los templos.

2.2. Características

– Las principales características de la escultura egipcia son las que veremos a continuación (ver vídeo ).

– Pero antes debemos mencionar aquí que, aunque estas características serán las más comunes a lo largo de todo el proceso estudiado, si veremos una cierta evolución a lo largo de la historia de la plástica egipcia, sobre todo teniendo en cuenta la obra de talleres privados o no oficiales, ya que estos últimos sí las repetirán sin apenas variaciones sin cesar, preocupándose más del buen acabado y de seguir fielmente las normas tradicionales que de buscar la originalidad.

A) Estatuaria funeraria y religiosa

– La característica fundamental de la estatuaria egipcia es su carácter funerario y religioso, por lo que solamente la encontraremos en las tumbas y en los templos y su temática girará siempre en torno a estos aspectos, incluso cuando se trate de escenas familiares y de la vida cotidiana, típicas de los relieves.

– La estatuaria hallada en las tumbas se limitará casi exclusivamente los retratos como soporte del alma, “ka” (fig. 49: Ka del faraón Zoser), siendo su finalidad ser el soporte material del alma del difunto; pero también podemos encontrar ejemplos de sirvientes o figurillas realizando tareas cotidianas de servicio al difunto en la otra vida (fig. 50). Los relieves de los enterramientos suelen tener esta última temática también, junto con representaciones de dioses y del difunto realizando diversas actividades, como por ejemplo ofreciendo o recibiendo ofrendas (fig. 51).

– En el caso de los templos las esculturas de bulto redondo serán normalmente representaciones colosales del faraón (fig. 52: Ramsés II del templo de Luxor) o de las principales divinidades del panteón egipcio (fig. 53: estatuas osiriacas). Lo mismo ocurrirá con los relieves que decoran estos edificios, junto con escenas narrativas de todo tipo (fig. 54), aunque en este caso lo más habitual es encontrar escenas conmemorativas de las hazañas realizadas por el faraón que las mandó esculpir (fig. 55: Batalla de Setí I de uno de los pilonos de Karnak).

B) Hieratismo, ley de frontalidad y otros arcaísmos

– Los escultores egipcios buscaron desde el principio, deliberadamente, un canon ideal del cuerpo humano, que una vez encontrado mantuvieron durante siglos. La característica fundamental de la representación de la figura humana en Egipto es su marcado hieratisrno, apre-ciable en la solemnidad y el estatismo de las actitudes, en la rigidez y falta de naturalidad en el movimiento de sus miembros, en definitiva, no consiguen hacernos olvidar la naturaleza pétrea de las esculturas al faltarles vitalidad (fig. 56: Triada de Mykerinos), aunque como podernos observar en la imagen el canon y el prototipo de belleza ideal, tanto masculino como femenino, es ya plenamente moderno y occidental…

– Otro arcaísmo de la escultura egipcia se aprecia en la llamada ley de frontalidad: en las esculturas de bulto redondo existe generalmente un único punto de vista, frontal, los brazos se sitúan, rígidos, pegados a los costados, la nuca parece rígida, la cabeza está en una posición central, etc. (ver fig. 56); en el caso de los relieves, además de ser válido lo dicho hasta ahora, es característica la distribución de las diferentes partes del cuerpo siguiendo un esquema fijo, torso de frente y extremidades y cabeza de perfil (fig. 57: Detalle de la Capilla de Hathor con Tutrnés III oferente ante el dios Amón).

– Para finalizar con este apartado referido al carácter arcaico de la plástica egipcia debemos mencionar la fuerte geometrización de sus formas, como se puede apreciar tanto en las estatuas de bulto como en los relieves, sobre todo al analizar las distintas partes de la anatomía que las forman independientemente (ver fig. 56 y 57), y otros arcaísmos como la inexpresividad de los rostros y las actitudes, los ojos almendrados, etc.

C) Composición y perspectiva en los relieves y pinturas

– Tanto en los grupos escultóricos, como en el relieve y la pintura, ya que ésta posee muchas de las características de aquel, aunque sin olvidar que algunas de ellas son diferentes en ambos casos, como la captación del movimiento en la pintura y no en el relieve, generalmente se rehuye cualquier efecto de profundidad, si acaso se sitúan de una forma muy rudimentaria unas figuras detrás de otras, repitiendo generalmente el mismo perfil de la figura en cuestión varias veces (fig. 58), o aplicando la perspectiva caballera, que consiste en representar a un tamaño menor las figuras que se supone están en un plano más alejado (fig. 59).

– Las composiciones son casi siempre extremadamente sencillas, consistiendo en la yuxtaposición de las figuras unas junto a otras en la misma posición o actitud, en el mismo plano o superpuestas en varios niveles, en este caso siempre separados por líneas que les sirven de base, como si se tratase de viñetas (fig. 60).

D) Representación de las figuras masculinas y femeninas

– Dentro de las características generales de la escultura egipcia, tanto si se trata de bulto redondo o de relieve, conviene hacer un repaso de las distintas formas en las que aparecen representadas las figuras masculinas o femeninas (ver en diversas figuras del tema …).

– La figura femenina se representará, con pequeñas variaciones estilísticas según la época, siempre con vestidos de lino muy ceñidos, que dejan traslucir las formas anatómicas y detalles del sexo, ligeros y casi transparentes. Los peinados serán muy variados y de características distintas en cada período, pelucas cortas o largas, lisas o rizadas, el llamado tocado hathórico, etc.

– Las figuras masculinas, en concreto el faraón, aparece siempre con la cabeza cubierta, desde el Imperio Antiguo con la corona blanca del Alto Egipto, la corona roja del Bajo Egipto, la doble corona o el velo de lino denominado “nemes”, principalmente; y a partir del Imperio Medio y, sobre todo, del Imperio Nuevo se añaden nuevos tocados como la modalidad inflada y con coleta del “nemes”, el llamado velo “khat”, o la corona metálica azul, en realidad una especie de casco de batalla del faraón, denominada tiara “khepresh”.

– A estos elementos se añaden otros, también propios y exclusivos de la realeza o la divinidad, como la cobra o “uraeus” real y la barba postiza. Para terminar con la forma de representar al faraón decir que generalmente aparece cubierto con el típico faldellín plisado, aunque también puede aparecer en ocasiones con el manto del “hebsed” o lo puede hacer con distintos tipos de túnicas.

– Por último, mencionar la forma en que se representa a otras figuras masculinas o femeninas, ajenas a la realeza, que es muy variada, pudiendo aparecer cubiertas con multitud de vestidos y tocados diferentes, o ausencia total de éstos, por tanto incluso desnudas o calvas.

3. EVOLUCIÓN DE LA ESCULTURA EGIPCIA

– A continuación vamos a ver algunos de los ejemplos más importantes y representativos de cada período y las excepciones más relevantes a esas generalidades comunes a la mayoría de las obras.

3.1. Imperio Antiguo

A) Representaciones del faraón

– Durante el Imperio Antiguo se aprecia el proceso de divinización del faraón en la forma de representarlo escultóricamente, sin olvidar la misión de estas estatuas como soportes del “ka” del difunto, de ahí la mezcla de hieratismo con el hecho de que se trate de verdaderos retratos, aunque ciertamente en estos casos relativamente idealizados.

– Los ejemplos más característicos de esta etapa son: la Estatua sedente de Zoser en Sakkara (detalle en fig. 49), la Estatua sedente de Kefrén del museo de El Cairo (fíg. 61), las Triadas de Mykerinos (ver fig. 46 y 56), y las excepcionales policromadas de Rahotep y Nofret (fig. 62), en este caso no de un faraón sino de un hijo de Keops y su esposa, sorprendentes por su elegancia, belleza y calidad.

B) Otras representaciones escultóricas

– Las representaciones escultóricas diferentes a la figura del faraón se caracterizan, durante el Imperio Antiguo, por una mayor libertad y por un menor rigor “oficial” en su ejecución, siendo más naturales las expresiones y actitudes y menos idealizadas las anatomías de los cuerpos, podemos hablar casi de una etapa de “realismo” en la estatuaria egipcia.

– Los ejemplos más representativos de este tipo son la talla en madera de Kaaper, también conocido como Cheik-el-Beled o el Alcalde del Pueblo (fig. 63), de hacia el 2.500 a. C., y el Escriba sentado del Louvre (fig. 64), figuras que nos acercan a una sociedad burocratizada, en la que los funcionarios desempeñan funciones importantes.

C) Relieves

– Los primeros relieves son de época predinástica, mangos de marfil de cuchillos de sílex, como el Cuchillo ceremonial de Gebel-el-Arak (fig. 65), ya se aprecian las características posteriores junto con evidentes arcaísmos.

– Relacionadas con la escultura oficial estarían las estelas con los nombres de faraones, como la Estela del Faraón Serpiente (fig. 66) y las placas de pizarra decoradas con relieves que narran las hazañas de los faraones de la Época Tinita, como la Paleta del Rey Narmer (fig. 67 y 68). Por último mencionar los relieves con escenas de la vida egipcia que decoran las tumbas (ver fig. 58).

3.2. Imperio Medio

– Tras la fase de anarquía política y de decadencia artística del Primer Periodo Intermedio, la estatuaria va a recuperar parte de su antiguo esplendor durante el Imperio Medio (fig. 69: Mentuhotep I), época en la que serán típicas las series de retratos de un mismo faraón, en las que se aprecia la evolución de sus fisonomías según las distintas edades en que son retratados (Fig. 70: Sesostris III).

– El arte se va a acercar ahora a la realidad cotidiana, .captando los sentimientos y gran diversidad de expresiones, por lo que se pondrá de moda todo lo relacionado con la vida diaria, como podemos apreciar en las numerosas figurillas de madera policromadas encontradas en las tumbas (fig. 71: Tropa de infantería núbia).

3.3. Imperio Nuevo

– Tras el Segundo Período Intermedio las estatuas del faraón, numerosas y conocidas, serán muy formalistas y repetirán los modelos antiguos, volviendo al academicismo oficial y a la frialdad en la forma de representarlos, tanto antes como después del breve paréntesis del reinado de Akenatón. Superpuestos a estos arcaísmos podemos apreciar nuevos elementos como el “uraeus”, el “khepresh” y largas túnicas (fig. 72: Ramsés II el Grande o Seti I de Karnak). Sí es verdad, sin embargo, que también en este período podemos apreciar algunos ejemplos derivados del naturalismo de la estatuaria del Imperio Medio (fig. 73: Reina Hatshepsut).

– Debemos destacar en este apartado un tipo muy característico, las estatuas colosales de los faraones guerreros e imperialistas de este período, de hasta 20 metros de altura pese a aparecer en posición sedente, que se situaban ante los pilonos de los templos, como es el caso de los Colosos de Memnón (fig. 74) del Templo funerario de Amenofis III, y las de Ramsés II en los Templos de Luxor (ver fig. 33) y Abu Simbel (ver fig. 43). Evidentemente la grandeza de la estatua está en relación con el poder del faraón.

– De esta época también datan los relieves que decoran los muros y pilonos de los grandes conjuntos templarios de Karnak y Luxor, que generalmente narran las hazañas bélicas de estos faraones, como la Batalla de Seti I de uno de los pilonos del Templo de Karnak (ver fig. 55), además destacan sobre todo las escenas de la Expedición al Punt del Templo de la Reina Hatshepsut en Deir-el-Bahari, las diversas representaciones de la Batalla de Kadesh de Ramsés II y la Cacería de toros bravos de Ramsés III en el Templo de Medinet Habu.

3.4. Período de Akenaton

– Durante el período que gobernó el faraón revolucionario Akenatón las reformas por él introducidas no se limitaron exclusivamente a los campos social, político y. religioso, sino que también afectaron de forma decisiva y original a la plástica egipcia, que va a adquirir una extraordinaria dulzura y naturalismo (fig. 75 y 76: Busto de la Reina Nefertiti). La escultura atraviesa una etapa decisiva, en la que se renuevan las técnicas, los temas y la sensibilidad con la que éstos se tratan.

– Ejemplos de esta revolución artística los encontramos en los relieves, que representan escenas de la vida diaria con un intenso realismo, no rehuyendo el tratamiento de los aspectos menos agraciados y desagradables de las figuras del faraón y su familia, como el vientre y las caderas hinchadas y los brazos deformados y larguísimos, algo impensable en cualquier otro momento (fig. 77). Este realismo exagerado hasta la caricatura también lo encontramos en esculturas de bulto redondo, como la de Akenatón del Museo de El Cairo (fig. 78), en la que se destacan sus rasgos negroides exagerando las facciones del rostro.

3.5. Períodos Saíta, Alejandrino y Romano

– En esta etapa se va a imponer el canon helénico en Egipto, como ocurrirá en el resto de la cuenca del Mediterráneo, siendo el ejemplo escultórico más representativo la llamada Cabeza verde (fig. 79), del Período Saíta.

– En otros casos se intenta una síntesis de las características escultóricas griegas y egipcias, como en la estatua de Alejandro Magno del Museo de El Cairo (fig. 80), pero el experimento ciertamente no fue muy afortunado.

4. LA PINTURA EGIPCIA

– La pintura egipcia en muchas ocasiones no tiene una existencia autónoma, ya que suele emplearse para policromar los bajorrelieves (ver fig. 47 y 58), por lo que sus características generales son casi idénticas a las de los relieves.

– Solamente añadir la importancia que aquí tiene el dibujo, una nítida línea negra que delimita las siluetas, la utilización de colores intensos y contrastados para rellenarlas.

– Y como característica exclusivas de la pintura, el mayor movimiento y dinamismo de figuras y composiciones respecto a lo visto en los bajorrelieves (fig. 81) y un cierto naturalismo y elegancia en su tratamiento (fig. 82: Ocas de Meidum, y fig. 83: Banquete fúnebre de la Tumba de Nakht, de la XVIII Dinastía).

– La pintura al fresco egipcia sí es un apartado importante y exclusivo a la hora de estudiar la decoración de los hipogeos del Imperio Nuevo, ya que esta técnica es casi la única utilizada (ver fig. 30 y 31). También muy característica es la decoración pictórica de papiros, generalmente con escenas de “El libro de los muertos” (ver fig. 5).

5. LA ORFEBRERÍA: EL TESORO DE TUTANKHAMON

– Capítulo importante dentro del arte egipcio es el de la orfebrería, siendo el hallazgo más importante el Tesoro de la Tumba de Tutankhamón (ver fig. 31), del que destacan, aparte de muebles, joyas, carros de guerra y objetos de todo tipo, las siguientes piezas: un Trono (fig. 84) de oro y pedrería con el respaldo decorado con relieves del estilo de su predecesor Akenatón; los diversos Sarcófagos (fig. 85), encontrados unos dentro de los otros y por tanto de diversos tamaños; la Máscara de oro (fig. 86) que cubría la momia del difunto; etc.

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